El labrador tenía tres hijos que competían
entre sí para demostrar quién era más fuerte y mejor, de modo que todo el
tiempo discutían y reñían. El padre, a pesar de sus muchas recomendaciones, no
conseguía con sus argumentos hacerles cambiar de actitud. Decidió que había que
conseguirlo con la práctica. Les exhortó a que salieran al campo a recoger
varas. Cuando regresaron con ellas, el padre las reunió y las ató fuertemente
en un haz; les entregó el atado y mandó que las partieran. Aunque se esforzaron
no pudieron; a continuación, desató el haz y les dio las varas una a una. Al
poderlas romper así fácilmente dijo: «Pues bien, hijos, también vosotros, si conseguís
tener armonía seréis invencibles ante vuestros enemigos, pero si os peleáis,
seréis una presa fácil.» La fábula muestra que tan superior en fuerza es la
concordia como fácil de vencer es la discordia.
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