“Poner la iglesia en manos de Lutero”, “darle las llaves
de la casa al ladrón” o “al coyote a cuidar el gallinero” son las frases que
diría la abuela para describir lo que hicimos al entregar el poder de la
organización a gente “bien”… puesta para el auto-beneficio, pero que se podía
esperar de ese grupito tan finísimo:
adula-directores, que desde antes daban muestras de lo que saben hacer bien, una obteniendo los contratos para los
banquetes, otro ganándose la compra de ferretería, otro muy languso desde
aquellos tiempos en que solía inflar las nominas con empleados fantasmas,
cuentas de combustible y comedores a comisión, otro pretendiéndose siempre
salirse con la suya dispuesto a dar su vida por la del patrón, pero todos ellos
nenes mimados, indolentes de las necesidades de los más jodidos pues nunca han
sabido lo que es jugarse el pellejo en los caminos, nunca han padecido de las
inclemencias del frio o el calor, jamás se han manchado sus delicadas manitas
con el asfalto, ni les ha tocado lidiar con jefes prepotentes, pues siempre han
asumido el papel de “dedos chiquitos”, sumisos, incapaces de “morder la mano
del amo” cuestionan a los “mugrosos” y no se explican en su cerrada mentalidad
porque esos trabajadores inconformes y “malagradecidos” se quejan de la
situación, si las cosas andan tan “bien”…para ellos.
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